Por Armando Singer, maestro y poeta. Publicado por la Sociedad Argentina de Escritores, seccional Las Termas de Río Hondo. Antología poética termense 1999, Llajtay: Tierra mía.
Soy criollo de pura cepa,
soy descendiente del indio,
yo les digo paque sepan
que no llevo sangre ‘i gringo
No me gusta el entrevero
cuando de sangre se treta,
lo mesmo decía mi agüelo
cuando hablaba con mi tata.
Se juntaban los vecinos
a matiar en el alero
y por ahí un vaso ‘i vino
resolvía el avispero.
Y se largaba la lengua
refiriéndose a otros tiempos,
su decir no sufre mengua
por lo dicho que era cierto.
Pa conformar ese acierto
del lugar ande vivimos,
hasta reviven los muertos
sin necesidar de adivinos.
Al decir de mis agüelos
en años del otro siglo
unas aguas se conocieron
por diligencia ‘e los indios.
Eran las aguas termales
que a tuito el mundo curaban,
curaban de tantos males
que empedidos caminaban.
El indio en sus correrías
desplazánse pa lao el sur
estas aguas descubrían
sagradas pa su salur.
En el lugar de Atacama
habían sentao sus reales,
venían tuitas las mañanas
a curarse de sus males.
En la playa del río Dulce
practicaban un aujero,
hasta lograr que se espulse
las aguas de nuestro suelo.
Eran las Aguas Calientes
como ellos le habían llamao
y hasta la gente decente
del milagro se ha noticiao.
Y así pal dolor de güesos
estaba el baño de azufre,
con bañarse sin aceso
aliviaba a los que sufren.
El de la zarza parrilla
pa curar los lastimaos,
es receta muy sencilla
que tuitos lo han aplicao.
Pa fortificar la sangre
están los baños de fierro,
pa sanar como Dios mande
bañarse de cuerpo entero.
Le llamaban Aguas Calientes
a lo que ahura dicen Termas,
no era un decir de las gentes
sino una verdar eterna.
Si se me hace que endenantes
tres casas nomás habían,
ahura como un detonante
florece una cada día.
Yo diré Aguas Calientes
y no cambiaré de rumbo,
y gritándolo de frente
¡Son las mejores del mundo!

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