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La nueva ruralidad como contrapeso del trabajador golondrina

ENTREVISTA. El sociólogo Alberto Tasso manifiesta que los trabajadores rurales están desplazados del sistema legal a través de la Ley 22.248. Propone actualizar la normativa para frenar la migración interna; además, indica la necesidad de capacitación; desnaturalizar la explotación y considerar la ruralidad como contexto de producción, reproducción y desarrollo. Pero crítica al desarrollo establecido en la provincia.

El grupo juvenil En Alpargatas invitó a Alberto Tasso, sociólogo y doctor en Historia, con motivo de conmemorar el Día de la Memoria, el pasado jueves 24 de marzo. El profesional disertó brevemente en la sala A del centro cultural San Martín, luego dialogamos con él sobre la vida rural, la similitud con el obraje; la consideración de lo rural como signo de atraso; la valoración de experiencias positivas en otras comunidades; trabajar por un desarrollo endógeno, desde adentro de la sociedad y no importarlo. “Los argentinos y, por supuesto, los santiagueños, nos acostumbramos a la migración interna. Es necesario que los artistas e intelectuales hablen del tema para ejecutar una solución al problema histórico”, dijo.

- ¿El trabajo de investigación sobre los trabajadores rurales lo solicitó la OIT?
- Si. La Organización Internacional del Trabajo tiene una oficina en Buenos Aires hace 30 años; pero es la primera vez que se hace un trabajo sobre rurales. Por lo general se estudió al sector industrial. Es un antecedente importante. Además, el Ministerio de Trabajo de la Nación tiene un programa de Calidad de Empleo, está apoyado por la Fundación Italia Laboro, y es quien financió el estudio.

- ¿Tasso tienes un antecedente de investigación vinculado a la economía rural?
- Es sobre la artesanía tradicional santiagueña del año 2000. Hicimos encuestas a 300 artesanos de 16 departamentos, allí fue importante Las Termas por el rubro cestería; Atamisqui con lo textil; Ojo de Agua con la sodería. Sin embargo, en la familia donde hay un migrante, hay una telera, un artesano. Porque hay el ingreso importante se da en verano, pues el hombre va a la cosecha. La artesanía produce el 40 % de ingreso anual; por lo general, lo hacen las mujeres que quedan en la casa. Entonces, hay un saber en los pueblos originarios, y ellos dicen cuidemos el arte para que nos vaya mejor.

- Los trabajadores migrantes de Santiago del Estero, ¿la situación de precariedad laboral tiene alguna similitud o continuidad histórica con los obrajes?
- Hay continuidad histórica, evidentemente. Pero hay cambios tecnológicos, es otro contexto; por ejemplo, se trabaja cerca de los agroquímicos. Los trabajadores entran a la desflorada de maíz con mascaras porque pasó un avión rociando glifosato. Roguemos que estás cosas no tengan consecuencias a futuro, pero nadie está seguro de la salud. El ritmo del trabajo se ha industrializado, pero falta el acomodamiento de ésta organización laboral a las expectativas de los derechos del trabajo. La sociedad pone los valores, estos van cambiando, lo que se podía aceptar hace 50 años, hoy debemos reclamarlos. Las condiciones son tan malas como antes, por eso es necesario plantearlo como un tema de importante tratamiento. Es un segmento importante de la Argentina, hablamos de un millón y medios de trabajadores rurales. Siempre se habla de las mayorías, pero la minoría debe ser considerada. Se habla de derechos particularizados: de la mujer, niñez, entre otros. El Estado está registrando, pero no es suficiente; es necesario ir por otro lado. 

Hay dos siglos de registro de la migración del trabajador rural, pero en tu investigación aparece el perfil del trabajador con poca instrucción escolar.
- Es la característica de la vida rural, el padre fue a trabajar al obraje y al abuelo, le preguntamos, nos manifiestan que es la herencia del oficio en un 90 %. En cuando a los niveles de instrucción pasa lo mismo, se reproduce socialmente. El objetivo del desarrollo es que se suba un escalón, no es bueno la ausencia de progreso educativo. Ellos buscan alternativas; hoy los pueblos rurales de Santiago del Estero no son los mismo que hace 50 años. La agricultura ha retrocedido, avanzó la ganadería y los oficios de servicio. Puede haber un policía o maestro que vayan en sus vacaciones a trabajar como golondrina. Pero está el concepto de subalternidad, que no tuvo la atención suficiente y es para mí una cosa para llamar la atención.

- Dentro de esta subalternidad, ¿cómo se debate el tema medioambiental?
- El tema medioambiental a dinamizado la cabeza a muchas personas; pero hay un sociólogo que estudió a los barrios que están cerca de las destilerías en Buenos Aires; allí se observa vidas destruidas por la contaminación, son casos extremos; los trabajadores rurales son otro. Ya no es en la ciudad sino en el campo; aun sin haber industria hay una degradación de la vida. Ellos con costumbres tan ricas están perdiendo su cultura, y la escasez del aula le permite valorizar esa realidad, pero allí hay un campo enorme de estudio.

- Dentro del perfil del trabajador rural, ¿por qué denominó instrucción digital?
-Lo agregamos después de las primeras entrevistas porque los muchachos tenían celular. Empecé a ver fotografías que ellos tomaban de los lugares de trabajo. Entonces dijo nivel 1 para aquellos que usan el celular; 2 cuando manejas apenas la PC y 3 para un manejo avanzado de la PC.
En este estudio hubiese querido ir a los semilleros de Buenos Aires, pero por falta de medios no lo hice. Hay muchas investigaciones que examinan eso; en cambio, trabajé en su zona de origen y no la de destino. En ésta se producen los problemas. El año pasado hubo desde enero a diciembre 6 casos documentados, desde Entre Ríos a Río Negro. Casos de maltrato, trabajador muerto por traslado de un campo a otro, porque iba en la caja de la camioneta, o sea, transgrediendo la normativa de transporte. Estos son los dramas en el destino, pero nosotros lo visitamos en su casa. Observamos su rancho, su cara, su vida cotidiana. Allí uno se da cuenta de la privación colectiva de la comunidad. Entonces, hablamos de un tipo de derecho: de familia y comunidad.

Nuevo marco
- La Ley 22.248 de 1980, ¿es el retroceso de 30 años y no reconoce el derecho a la huelga?
- Si. Es una cosa inadmisible. Estoy tratando de ponerme en la cabeza de la Comisión Asesora Legislativa porque en esa época no había Congreso. Allí uno se da cuenta la terrible huerfandad y subestimación de un sector para proponer esto. La actitud patronal está cercenando un derecho público, es vergonzoso. Necesita estudio y modificación.

- Hablaste en varias oportunidad del Patronazgo en Santiago del Estero, pero se observa que los empresarios tienen características de coacción con los trabajadores golondrinas. ¿Qué es el reclutamiento en grupo?
- Los empresarios, a diferencia de los obrajes, dan premios estimulo a los que se portan bien; y lo cobra el cabecilla. Entonces premia al coordinador del grupo para que mantenga la disciplina. Ellos no tratan con el trabajador, todo es a través del jefe de cuadrilla.

- Lo rural como signo de atraso. ¿La sociedad urbana discrimina al hombre de campo?
- Escuché varias veces en Santiago del Estero cuando alguien conduce mal, este campesino de... El campesino viene del indio, no es un chacarero que vino del barco. Es un pequeño productor. Aquí estaba Tulio Halperín Donghi y Ana María Lorandi, historiadores, ellos trabajaron la relación de indio a campesino. Fue el momento donde la naciones con la idea republicana de eliminar diferencias, que todos somos iguales, se dejó de hablar de indio, de al etnia. El indio dejó de existir, se lo quiso eliminar por la nueva denominación. Por eso empezaron los oficios para ser denotativo de ésta condición. Entonces, el siglo XX vio el avance de la reetnización, hay 13 comunidades en la provincia santiagueña y todas producen trabajadores migrantes, que son indígenas. Tonocoté, Diaguitas, entre otros. Sin embargo, el sociólogo José Luis Grosso, en su tesis de doctorado, habla de indios muertos y negros invisibles. Es una realidad de la demografía de la provincia.

- ¿Hay que descubrir la subalternidad?
- Hay que trabajar con la subalternidades para descubrirlas y redefinirlas. No neguemos lo indio, no es vergüenza; más bien hablar quechua es indicador de esa pertenencia.

- Hiciste una crítica al desarrollo por la tenencia de la tierra. ¿Por qué objetas el progreso?
- Hay críticas que hacer, porque en muchos casos no se toma en cuenta la realidad local donde se instala, ni el ambiente, ni del interés de la gente. Entonces, una empresa puede ser un enclave cultural, como lo es una fabrica de biodiesel, que nunca se podrá confundir con un desarrollo endógeno, generado; en cambio aquello es una incrustación. Para mí el desarrollo es la elevación de 5 puntos del nivel de escolaridad. ¿Cómo lo logramos? El esfuerzo organizativo no viene por el capital, sino el desarrollo va por el insumo de capital cultual. No es todo tecnología. Sin embargo, hay una cancioncilla irritante de “Sigamos crecimiento” en la provincia.

- ¿La Provincia naturalizó la migración o éxodo laboral?
- Hubo un hecho dramático en 1937, la sequía, esto generó una hambruna, porque no llovió durante 20 meses. Afectó la zona sur del río Dulce, por ejemplo, Loreto, ese fue el punto de partida de la gran migración a Buenos Aires. El éxodo existía de antes pero se acentúo y hubo un despoblamiento de las zonas rurales. Jorge Ábalos escribió Shunko en el tiempo de la sequía; Canal Feijóo lo vio y dijo que Santiago necesitaba ayuda. Él hablaba de litoralizar la provincia, porque las cosas que se hacen bien en La Pampa hay que traerlas para acá. Con el tiempo se dejó de tratar, decayó como tema importante de tratamiento. Luego, en 1968, Blanca Irurzun volvió con la temática en su poesía. Este es un llamado a los intelectuales y artistas de ver esta cuestión.

- ¿El desarrollo afecta la vida campesina?
- Afecta la vida, sus valores y prácticas agrícolas. Sus refranes, el saber herborístico, la convivencia con el bosque; ellos saben usar la algarroba, este es un concepto que no entra en aquel que piensa el campo alambrado y con cultivo. Es otra tradición y cultura, pero no lo entiende el juez que dictamina la superficie que necesita una familia. Creen que favorecen porque le dan 5 hectáreas, pero en realidad lo están arrinconando. Hay que hacer un clic sobre la nueva ruralidad, ya casi urbanizada. El mundo global que llega, pero observó un conflicto entre las dos culturas.

- ¿Cómo desnaturalizar la explotación rural?
- Hay que volver al campo. La ciudad ofrece servicios y benéficos, pero pocas oportunidades para aprovecharlas. Hay un mundo favelizado en torno a la ciudad. Siempre el argumento fue fijemos las condiciones en el campo para evitar la migración; sabemos que eso es inexorable porque la urbanización se produce, pero no se probó con tecnología para urbanizar la vida rural. Está el tema del panel solar, la tecnología en pequeña escala, la agroecología, la agricultura orgánica; hay que encontrar puntas productivas. Nosotros no tenemos alianzas verticales entre un productor, vendedor y comercializados. En Bolivia, 40 comunidades campesinas, por un proyecto de los alemanes para producir café, ellos implantaron el producto. Se hizo una cooperativa, luego un centro para envasar y se exporta a Europa, un mercado protegido por Alemania para los países del tercer mundo. Alemania es un país muy interesante en este aspecto. Pero ¿qué empresario se interesó en hacer una sociedad con productores primarios o campesinos? No conozco un ejemplo. Hay que empezar por allí.

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