El Honorable Concejo Deliberante de la ciudad Capital de Santiago del Estero reconoció al sociólogo, Alberto Tasso, su trayectoria y trabajo por la activiadad cultural. Lea la carta completa del profesional.
Al Concejo Deliberante de Santiago del Estero, 15 de marzo de 2011.
Libros, bibliotecas y conocimiento para la acción cultural.
Estimados vecinos, amigos, familiares y representantes del pueblo de esta ciudad.
Deseo agradecer de todo corazón esta distinción que me honra, más allá de lo que hubiera esperado y de lo que creo merecer. Pero ustedes la han concedido, y debo respetar vuestro sabio criterio. Trataré entonces de justificarla y hasta de merecerla, si no es hoy será mañana. Para eso les diré en pocas palabras cual ha sido mi actividad estos años y cuales son los proyectos en que trabajo.
Hace 44 años llegué a Santiago del Estero, y desde entonces la adopté como lugar de trabajo y de vida. Y debo reconocer que ha sido y es un buen lugar, altamente motivador y hospitalario. Me he ganado la vida como sociólogo y profesor. Trabajé 10 años en la administración pública, en varias reparticiones (Instituto de Vivienda y Urbanismo, Ministerio de Economía, Dirección General de Colonización). Eso me permitió viajar por la provincia y volver una y otra vez a los lugares que había conocido en mi primer viaje, en 1967.
Me inicié como docente e investigador en la Universidad Católica de Santiago del Estero, junto con Carlos V. Zurita. Así conocí a varias generaciones de estudiantes. Luego trabajé en la UNSE y el CONICET hasta hoy. Durante 4 años fui profesor en la UNT.
Trabajé como periodista y ocasionalmente dibujante en varios medios periodísticos. En varios momentos ocupé mis horas libres como trabajador cuenta propia en el rubro de publicidad, artesanía en cuero, madera y hierro, retrato, restauración de lámparas y venta de rulemanes. La pintura y la poesía me han ayudado a comprender el misterio del arte, y la necesidad de su enseñanza y su práctica, junto a la carpintería, la mecánica, la historia, el lenguaje y la matemática, entre otras disciplinas que la educación integral alienta.
Pero las actividades desempeñadas no explican los por qué de la vida, sino sólo sus medios. Difundir el conocimiento, y entrenar en la forma de conocer, ha sido una de mis motivaciones. En ese camino el aula fue decisiva. Como profesor de metodología de la investigación, debía enseñar a elaborar proyectos de investigación. Y ya se sabe que no hay mejor manera de aprender algo que tener que transmitirlo. El profesor, por extensión el maestro, es siempre el primer ignorante, y a veces el único. Sólo quien puede aprender de su alumno logra poder enseñar a otro. En este punto me confieso discípulo de Jorge W. Ábalos.
Hace 10 años comenzamos con un grupo de docentes, estudiantes y jóvenes graduados a organizar los Encuentros de Jóvenes Investigadores, en el mes de octubre en la Biblioteca Sarmiento. En ellos han participado más de 2.000 jóvenes de todo el país pertenecientes a 18 universidades argentinas y 3 del extranjero. Allí exponen sus trabajos de tesis, que son comentados y discutidos en comisión. Esta es una experiencia de conocimiento que pone en contacto a maestros y estudiantes, mejora sus métodos de trabajo, ayuda a identificar los problemas que vale la pena estudiar, y contribuye a su difusión.
Otro tema que me ocupa es el campo bibliotecario. La difusión de la lectura, y de las herramientas para su comprensión, es una de las tareas de un bibliotecario. Forma parte de la ampliación de libertades y la autonomía de los sujetos que demanda la sociedad hoy. En Santiago del Estero hay aproximadamente un centenar de bibliotecas públicas y privadas. Entre ellas hay 59 bibliotecas populares, 22 de las cuales están en esta ciudad. Todas necesitan avanzar en la catalogación informática de su material, y recuperar su lugar histórico de centro de reflexión, estudio y debate de los problemas públicos.
Hay entonces una importante y necesaria tarea por hacer: elaborar un programa de actualización con apoyo del gobierno nacional, provincial y municipal, y de las asociaciones civiles que en su mayoría conducen las bibliotecas. Eso requiere capacitación de sus directivos, socios y personal. Es necesario decir que las bibliotecas populares funcionan gracias al trabajo voluntario, que tiene alta motivación pero opera con medios materiales escasos. Al proponer un proyecto provincial de mejoramiento de las bibliotecas existentes y de estimular la creación de otras nuevas en zonas urbanas y rurales, soy conciente de la necesidad de articular esfuerzos para lograr este objetivo.
Para que las bibliotecas tengan libros apropiados a las necesidades de hoy, es necesario editarlos. Eso requiere estimular la práctica de la escritura y promover la edición de libros de autores locales. Entre 1996 y 2005 editamos 37 títulos, varios de ellos compilaciones, lo que hace un total de 208 autores y un total de aproximadamente 11.360 libros. Entre otras coediciones con instituciones académicas, editamos con apoyo de la Municipalidad de la Capital Quien fue Bernardo Canal Feijóo (1997) y la Antología 1970-1995 de los Cuadernos de Cultura que fundó y dirigió Ricardo Dino Taralli.
Muchas gracias por su generosa y cordial atención.
Alberto Rodolfo Tasso.

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