Por las elecciones en Tucumán.
Las elecciones del domingo pasado en Tucumán marcan una doble realidad: por un lado, la adhesión de la provincia al Gobierno nacional; el otro aspecto es más claro de comprender. Ante el manejo minucioso de la billetera pública, la oposición se diluye con el tiempo.
El domingo 28 de agosto, a las 22.30, José Alperovich salió a hablar, acompañado de Florencio Randazzo, ministro de Interior; Amado Boudou, ministro de Economía y candidato a vicepresidente de la Nación. El reelecto no dio una conferencia, pero mandó un mensaje a la política central.
“El cambio en Tucumán se lo debemos a un amigo que no está”, dijo Alperovich. Se refería a Néstor Kirchner en el breve mensaje a la prensa. Pero añadió: “Cuando vio la pobreza en la provincia, dijo que me iba a ayudar”. Sin festejos, cedió la palabra a los ministros del país.
Randazzo felicitó la fórmula del triunfo: Alperovich-Manzur. Justamente, el candidato a vicegobernador era oportunamente su ministro de Salud y se fue a ocupar la misma cartera del plano nacional, pero con un escándalo en la provincia tucumana, que ya se olvidaron.
El problema del sector sanitario en la vecina provincia no se resolvió todavía; pero hay festejos.
Boudou, más canchero, dijo que “es un gran gobernador”. “No hay proyecto de provincia, sino hay un proyecto de país”, agregó.
Guarismo
El diario La Gaceta publicó números elocuentes. Las elecciones del 2003, Alperovich obtuvo 271.579 adhesiones, el 43 %. 2007, superó el 75 % con 520.000 votos. 2011, 553.000 sufragios, el 70 %.
La maquina Alperovich se duplica con el tiempo. Aunque pareciera un fenómeno, es sólo un decadencia de la oposición política y una falta de representatividad.
José Alperovich llegó a la gobernación de la mano del ex mandatario, Julio Miranda. Manejó una concesionaria de autos y alcanzó el máximo sillón de Tucumán; fue radical y se hizo peronista; un camaleón de la política. Pero, aunque es contador público, demostró ser un estratega de los números.
Los números: votos, militantes, datos; éstos son fríos, pero marcan un estilo de la política. Tal vez, lo que necesita el Norte Argentino sea un estadista. Un visionario que fortalezca las instituciones y consolide un desarrollo socioeconómico en la región.
Alperovich se valió de una destrucción sistemática de la constitución tucumana para buscar el tercer mandato, lo consiguió. Allí radica la esencia: el caudillo está por encima de las instituciones y las leyes.

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