Por José Justel
Mientras pienso, despierto;
en la mañana solitaria de mi almohada.
Bebo el jugo de tu encanto
que quedó aquella tarde soleada.
Semillas del ayer
se convierten en pétalos.
Dos corazones suman,
aunque es tiempo de serenarse.
Caricias de primavera
suben por mi cuerpo.
Aroma de piel abierta
deja un surco de esperanza.
La fórmula del amor
es sueva entrega,
que rompe la reja
prisionera del corazón.
Paciencia de encontrarte
a la vera del camino.
Sin desesperar,
sueño con alcanzarte.

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