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El regreso de Perón

DÍA DEL MILITANTE. 17 de noviembre de 1972.

Foto: periodismo de verdad.
El ex presidente, Juan Domingo Perón, volvía al país tras 17 años de exilio, para poner fin a la dictadura del general Alejandro Lanusse y cambiar el futuro la nación.

Según la publicación de las efemérides del Instituto Espacio de la Memoria, la esmirriada figura de José Ignacio Rucci, con su brazo extendido para cubrir de la lluvia al general Juan Domingo Perón, en medio de la pista del aeropuerto de Ezeiza, simbolizó el fin de casi 18 años de luchas y sacrificios de muchos argentinos.

El reloj marcaba las 11.20 y la lluvia arreciaba en aquel 17 de noviembre de 1972.

En ese momento, Perón, quizás, sintió un sabor a desquite por aquel intento de volver en 1964, que los militares brasileños habían frustrado en el aeropuerto carioca de El Galeano.

En contraste, ahora Perón llegaba en un Charter de Alitalia, acompañado por más de 150 figuras de las más coloridas corrientes internas del Justicialismo y otras tantas representativas del mundo cultural, deportivo, artístico, científico y religioso.

Cuando el comandante de la nave aviso que ingresaban a cielo argentino, muchos quisieron cantar la “marchita”. Pero el General los paró: “Ahora corresponde que entonemos el Himno Nacional. Y lo comenzó a entonar”, relató Raúl Matera.

En la madrugada del histórico día, desde los barrios más humildes habían comenzado a ponerse en marcha cientos y cientos de camiones, muchos desvencijados, llenos de manifestantes de todas las edades.

Pretendían sortear el aro de seguridad del Ejercito del general Alejandro Agustín Lanusse. Plásticos y lonas enormes, apenas los defendían del agua que caía.

Varios miles, se hundieron hasta la cintura en el río Reconquista “para poder ver al líder”.

La inmensa movilización mostraba que la situación política y social imparable iba a dejar atrás la vieja antinomia peronistas-antiperonistas.

El “viejo General”, en ese rumbo, para la tarde cóncava al líder del radicalismo, Ricardo Balbín, en su nueva casa de la calle de Gaspar Campos, en la localidad bonaerense de Vicente López.

Sellan la voluntad de pacificar la Argentina, con vistas a reemprender un camino de desarrollo independiente del país.

El General, ya muy enfermo, se verá enfrentado más tarde con los que llamó “imberbes”, que se irán de la plaza aquel último 1 de mayo. También con quienes, escondidos tras una máscara “ortodoxa” silbarán la misma melodía facciosa. Ciegamente equivocada.

Así, aquella mayúscula esperanza de reencuentro nacional del retorno de Perón, se desvaneció por el antagonismo sectario.

Aquel 17, la esperanza de unión había retornado, pero terminó con la muerte del General anciano, dos años después.

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