El cardenal Jorge Bergoglio dio un mensaje para el
miércoles de ceniza.
El primado argentino sostuvo que “el acostumbramiento nos
anestesia el corazón, no hay capacidad para ese asombro que nos renueva en la
esperanza, no hay lugar para el reconocimiento del mal y poder para luchar
contra él”.
Adquirir la costumbre que las cosas siempre serán igual, que
nada cambia, es un signo de desesperanza. Por eso, en el tiempo de cuaresma,
que inicia hoy, es importante reflexionar sobre el mensaje del cardenal
Bergoglio.
Cuando se naturaliza la pobreza, la violencia; es decir
cuando nada cambia o todo sigue igual, es un mecanismo de indiferencia para no
sufrir, para no reflexionar sobre el entorno. Es lo que Bergoglio llama
“anestesiar el corazón”. Es frenar las inquietudes del interior, paralizar el
deseo por buscar el bien; es una manera de autoprotección ante los problemas
que vienen de afuera o de la sociedad. La persona se dedica a su grupo íntimo y
lo demás no existe o está minimizado.
En el tejido o entramado social, esta conducta de aislarse hace
que el interés por el otro o el aspecto social decaiga. Por otro lado, el mundo
material abruma con sus novedades y se pierde el horizonte: construir una sociedad
más justa.
Para no anestesiar el interior y fortalecerse para luchar
por aquello que vale la pena: es necesario entrar a la cuaresma con Cristo,
para que se pasión purifique y se resucite junto a él en la esperanza cierta.
Sin él no se puede generar un cambio, ni externo o interno. Es
oportuno suplicar al Altísimo para que el corazón despierte y comunique la
esperanza que no tiene fin.

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