Análisis de la nota de Daniel Santoro.
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| Daniel Santoro. Foto: la política online. |
Ningún periodista debe dejar de leer el clásico de George
Orwell, la novela 1984, donde describe al Gran Hermano omnipresente, según
escribe Daniel Santoro, periodista de Clarín. Una cosa es la omnipresencia y
otra muy distinta la omnipotencia. ¿Existe un Gran Hermano K?
El liberalismo político, un corpus de textos destinados a la
división de los poderes del Estado, siempre se ve amenazado. En Argentina
existe por parte la clase política un rechazo a la presa crítica; muchas veces
son perseguidos, espiados, en otras épocas, fusilados.
Cuando no funciona la división de los poderes, el Ejecutivo
tiene un papel impugne muy difícil de controlar, pero cuando la prensa detecta
hechos de corrupción siempre encuentran refugio en la justicia. En otros país,
los funcionarios detectados en actos fuera de la ley por vergüenza renuncian,
en Argentina se mantienen en el cargo hasta tanto falle el sistema judicial.
Santoro describe la inteligencia del Gobierno nacional y las
pinchaduras de correos electrónicos a diputados, periodistas, entro otros, que
aún la justicia no eleva a juicio oral. Sin embargo, el periodismo es una
actividad riesgosa porque no es omnipotente, salvo los grandes medios de
comunicación que ejercen fuerza institucional para equilibrar acciones
descalificantes.
El periodismo debe ser un vigía de los poderes de turno, un
esfuerzo de omnipresencia; es decir tratar de estar cerca del valor noticia. En
tanto, en la sociedad argentina, especialmente en el interior del país, se
entiende al poder como una cosa omnipotente, algo muy grande que no se puede
enfrentar.
La omnipotencia radica en el significado que la ciudadanía atribuye
al poder; cuando en realidad la ley máxima del país lo divide en tres y se
controlan recíprocamente. Sin embargo, para muchos la ley es letra muerta, para
los periodistas es el fundamento del sistema democrático.
Cambiar la significación del poder no es una tarea fácil,
aunque el Gran Hermano esté en todas partes, los periodistas interpretan el
mundo social desde la credibilidad otorgada por la ciudadanía; fuerza motriz
para superar el control sistemático que ejerce el poder sobre la prensa.
Los periodistas del interior del país están mal pago y el
poder los absorbe para tergiversar la realidad; están desorganizados porque
siempre se intenta dividir para reinar. Tal vez es propicio imaginar un nuevo
paradigma de asociatividad para defender la profesión y consolidar el espíritu
colectivo.
El celebre periodista estadounidense, Truman Capote, en el
siglo pasado, dio una idea que debe ser reforzada: “La prensa es el abogado del
pueblo y fiscal del poder”.

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