En el Día del Locutor quiero compartir una reflexión con los
lectores; a pesar que el 29 de junio la radiofonía argentina perdió a un grande
y formador: Juan Alberto Badia.
La radio es un medio electrónico tan vigente y popular, que muchos
oyentes buscan allí información, entretenimiento y una palabra de aliento.
Para este editor la palabra tiene varias funciones, entre
ellas, la creación. La creación de momentos, la enunciación de hechos que
generan alguna enseñanza y la motivación social.
La palabra en la radiofonía, con sus estrategias
discursivas, tiene un poder central en la construcción de la igualdad. Pero en
el mundo social no todo es gratis, existe una batalla contra otros poderes
instituidos, como el político, económico, religioso, entre otros. Es decir, un
campo de puja por acercarse a la verdad y, del otro lado, la fuerza por imponer
un punto de vista dominante y conservador.
La palabra tiene una operatividad en el cuerpo y la mente de
los oyentes. Nunca olvidaré una anécdota de radio. Era el Día de la Madre , hablaba de la
importancia de perdonarla por sus errores que, a veces, son inconcientes. Un
oyente viajaba en su auto, habíamos elegidos algunos temas musicales para
ambientar, él sintió en su interior la necesidad de reconciliarse; luego
contaría personalmente un dato clave: hacia años que no se hablaban, corrió a
su encuentro y la abrazó. El testimonio quedó guardado en mi interior como un
tesoro.
El ejercicio de la palabra en los distintos estratos
sociales: políticos, económico, educativo, entre otros, tiene una misión
crítica. Siempre existirán los aduladores del poder de turno; pero no se puede
vender la dignidad al mejor postor. Es un desafío y muchos locutores,
comunicadores y periodistas radiofónicos se mantuvieron de pie ante el tirano
de la palabra del momento.
La palabra tiene un espíritu crítico inalienable, pero en
algunos casos puede tornarse en revolucionario a las estructuras del poder
dominante; aunque la sociedad, con sus estereotipos o modelos sociales, no
pueda comprender al locutor, pues con el tiempo los conceptos que vierte en el
tejido popular se tornan accesibles.
Ser crítico no significa ser revolucionario, porque la
palabra necesita estar acompañada de la acción, allí podría adquirir tal
categoría; sin embargo, su función es más fina: penetra como una gota en la
roca. Por ello, los tiranos siempre persiguieron a lo largo de los siglos a
quien empuña la espada de la palabra. Ellos son forjadores, son esgrimas de la
transformación social, al menos el inicio del cambio.
Mi máximo saludo para los hacedores de la palabra. ¡Feliz
Día del Locutor!
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