Meditar la realidad que abruma.
Por Aldo Bravo (*)
En Santiago del Estero los titulares del Poder
Ejecutivo (gobernador y vice) y los miembros del Poder Legislativo (diputados
provinciales) asumen el 10 de diciembre cada cuatro (4) años, al igual que los
comisionados municipales que desde el 30/11/2008 se eligen por el voto directo
de los ciudadanos de cada una de estas localidades, ya que antes lo designaba
el gobernador.
En cambio, los intendentes y concejales de 26 ciudades
asumen el 31 de octubre cada cuatro años, salvo los intendentes y concejales de
Clodomira y Atamisqui, municipios que por haber sido intervenidos
oportunamente, sus autoridades asumen en fechas distintas.
Esta anarquía en cuanto a comienzo y finalización de
sus respectivos mandatos tiene múltiples motivos. En principio se debe a las dos
intervenciones federales que sufrió Santiago del Estero, en diciembre de 1993 y
luego en abril de 2004. También se origina en la insólita convocatoria a
elecciones provinciales que realizó el fallecido caudillo Carlos Arturo Juárez,
en 2002; y a las elecciones municipales de 2003, ya que los mandatos de los que
resultaron electos duraron sólo tres años en lugar de los cuatro, como marca la
Constitución Provincial. A su vez -con este argumento del período acortado- los
convencionales constituyentes provinciales del Frente Cívico, Viables y
justicialistas, resolvieron en la reforma de la Constitución Provincial de 2005
no tomar en cuenta el período 2003-2006 a los efectos de la reelección. Por
ello, por ejemplo, el exintendente bandeño Héctor Ruiz tuvo 3 mandatos
continuados desde el 31/10/2003 hasta hace un par de días, aun cuando la Carta Orgánica
de La Banda sólo permite una reelección.
Si bien es cierto que en algunas ciudades
santiagueñas han triunfado sectores políticos que rompieron hegemonías muy
marcadas (Ojo de Agua, Frías, entre otros) y que en otras los intendentes
deberán gobernar con mayoría de concejales de otros sectores políticos (Las
Termas) no hay ninguna señal de que nuestros comprovincianos gozarán de nuevas
gestiones que tomen en cuenta las graves falencias estructurales que sufren
desde hace muchos años.
En la principal ciudad de la Provincia, el
oficialismo tiene quórum propio más por errores estratégicos de los partidos de
la oposición que por méritos propios. En la Cuna de Poetas y Cantores se repite
la misma conformación de hace cuatro años atrás muy a pesar de la desastrosa
gestión de los concejales que finalizaron su mandato hace pocos días. En este
caso estoy convencido de que la sociedad bandeña debe mirarse al espejo y
hacerse cargo de lo que ha votado nuevamente.
En las ciudades más pequeñas no se dirimen proyectos
diferentes sino, antes que nada, diferencias personales porque todos tributan
al mismo patrón. Y si hablamos de las ciento treinta y seis (136) comisiones
municipales es aún peor, ya que quienes gobiernan son meros punteros de la Casa
de Gobierno. Ellos deciden quiénes reciben la ayuda social que llega a cada
localidad, a quienes les darán unos cuantos bloques para que levanten una
precaria habitación, quienes tendrán de vez en cuando el medicamento que
necesitan, quienes podrán tomar agua potable, etc.
En estos parajes no está asegurada de ningún modo la
salud, porque existe ausencia de profesionales durante la mayor parte de la
semana y hasta la alimentación está cuesta arriba por la inflación galopante y
la falta total de oportunidades laborales.
En consecuencia, a doce meses de una elección
presidencial, debemos meditar bien sobre esta realidad que nos abruma y poner
nuestro granito de arena para construir un proyecto nacional en serio que, más
temprano que tarde, se ocupe de millones de argentinos y, por ende, de varios
miles de santiagueños que viven en total desamparo.
(*) Autoridad del PS Santiagueño

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