La magia del texto.
Un concejal lleva siempre un
“cuadernito” a las sesiones, allí están los discursos del Hermano Luis.
A tal punto que una vez, en sesión,
solicitó la palabra, empezó el discurso, paró y dijo: “Perdón me equivoqué de
página”.
Con el tiempo se sumaron varios ediles
al vademécum del Hermano Luis.

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