La misión.
El Iglesia dispone la lectura de Mc 6. 7-13 para este fin de
semana; Jesús envía a los discípulos para anunciar el Reino y les otorga
poderes. En tanto, el Papa Francisco, en Ecuador, alentó a los fieles con un desafío:
“La evangelización no consiste en hacer proselitismo, porque este es una
caricatura de la evangelización, sino que es atraer con el testimonio a los
alejados; es acercarse con humildad a aquellos que se sienten lejos de Dios en
la iglesia; acercarse a los que se sienten juzgados y condenados a priori por
los que se sienten perfectos y puros”.
Un potente mensaje; porque en la comunidad siempre existe
una torpe jerarquización y se distinguen los buenos de los malos cristianos. La
Iglesia no es una ONG, ni una empresa que tiene superávit de gracias. Sin
embargo, Jesús la sostiene con su misericordia.
Evangelizar es proponer, no imponer. Aquí está el desafío.
La herida del pecado, marcado en las entrañas, hace que la Palabra se
convierta, a veces, en un látigo. Pero el encuentro con Jesús, el Señor de la
historia y dador de vida, renueva el corazón y se llena del Espíritu
vivificador para seguir en la misión: anunciar que Jesús vive.
¡Jesús vive! Este es el mensaje. Aunque llevamos un tesoro
gigante en vasijas de barro, el Espíritu del resucitado asiste en el camino, cura
las heridas y anima a dar testimonio sin miedo.
El jesuita Carlos Vallés, recordando al sacerdote Anthony
Mello, publicó “Ligero de equipaje”, un título apropiado para contextualizar el
mensaje de Jesús, vayan con un solo “bastón” para el camino, para la misión,
para evangelizar.
El cristiano debe estar sin exceso de equipaje, sólo basta
la apertura al Espíritu divino.

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