En la sesión 30 del Concejo Deliberante, el jueves 8 de este
mes, Marisa Morales, mamá de Lali, lloraba afuera del Legislativo porque los
ediles no incluyen un proyecto para adherirse a la campaña del síndrome de Rett.
“Los concejales no lo tienen en la agenda”, explicó
desconsolada, ya que inició un expediente a fines de septiembre pasado.
A veces los ediles no escuchan al pueblo; cuando la falta de
representatividad crece: disminuye la credibilidad. El resultado es un divorcio
entre sociedad y política.

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