Fieles difuntos.
Recuerdo la frase de mi madre: “El que escribe no se olvida”.
Pasan los años y siempre pienso en la enseñanza. Pero como olvidar a Peter, un
argentino que vivió en Vancouver, Canadá, y regresó a Mendoza. Solía contar una
anécdota para empresarios: “Llegamos al congreso y el disertante preguntó
cuántos trajeron agenda. Menos de la mitad levantó la mano”.

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