Por Gabriela Salum Osorio
¿Por qué es tan difícil la paz? ¿Por qué volvemos una y otra
vez al enfrentamiento y la agresión mutua? Hay una respuesta primera, tan
elemental y sencilla, que nadie la toma en serio: sólo los hombres y mujeres
que poseen paz, pueden ponerla en la sociedad.
Cualquiera no puede sembrar paz. Con el corazón lleno de
resentimiento, intolerancia y dogmatismo se puede movilizar a la gente, pero no
es posible aportar verdadera paz a la convivencia. No se ayuda a acercar
posturas y a crear un clima amistoso de entendimiento, mutua aceptación y
diálogo.
No es difícil señalar algunos rasgos de la persona que lleva
en su interior la paz de Cristo. Busca siempre el bien de todos, no excluye a
nadie, respeta las diferencias, no alimenta la agresión, fomenta lo que une, nunca
lo que nos enfrenta.
¿Qué estamos aportando hoy desde la Iglesia de Jesús?
¿Concordia o división? ¿Reconciliación o enfrentamiento? Y si los seguidores de
Jesús no llevan paz en su corazón, ¿qué es lo que llevan? ¿Miedos, intereses,
ambiciones, irresponsabilidad?

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