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“Yo soy el Buen Pastor y conozco a mis ovejas"

Por Gustavo Carreras, doctor en Filosofía

En el Evangelios según san Juan 10, 10.


Estas palabras de Jesús pueden aplicarse con toda propiedad a Mons. Gerardo Sueldo, Obispo de Santiago Del Estero, fallecido el 4 de setiembre de 1998, en accidente automovilístico. En efecto, “conocer” en lenguaje bíblico implica amor de comunión y el conocimiento que de allí deriva. En tal sentido, el texto citado constituye todo un programa para los cristianos que tienen la función de pastores, programa que creemos Mons. Sueldo cumplió.

“Y Las ovejas le siguen porque conocen su voz...”

Más a los extraños no los seguirán porque no conocen la voz de los extraños”. Esto es, hay auténticos y también falsos pastores. El verdadero pastor por excelencia es Cristo (Jesús), y los otros lo son en la medida de su coherencia con él. Ahora bien, ¿Cuál es la voz de Cristo en la Iglesia y mundo de hoy?
Durante siglos los cristianos creyeron que Iglesia y mundo seguían caminos paralelos, que los cristianos ni los pastores “no deben meterse en política”, que la única preocupación valida era la de “salvar almas”. Así se fue conformando una suerte de esquizofrenia espiritual en la que por una parte iba la Fe que se alimentaba de la piedad individual y de algunas prácticas litúrgicas, y por otra parte iban las opciones temporales como la participación política, el ejercicio profesional e incluso la vida cotidiana en la que normalmente uno se regía por lo que más convenga como si allí el Evangelio no tuviera nada que decir.

A partir del concilio Vaticano II esta visión queda superada, Iglesia y mundo se distinguen pero no van separados sino que se implican mutuamente. La Iglesia no es para sí misma sino para el mundo. Surgen entonces distintas respuestas por parte de los sectores cristianos. “Hay que priorizar la evangelización de las cúpulas”, sostienen algunos, otros creen que para que exista una verdadera transformación habrá que meterse en las “bases”, hasta que en Puebla se encuentra una fórmula que prevalece en la “opción preferencial por los pobres”. Lo que significa que hay que llegar con el Evangelio a todos sin exclusiones, pero partiendo de los pobres, ya que éstos al ser los últimos, los marginados en el orden de la vida real deben ser el punto de partida de un proceso de construcción de una nueva sociedad donde cada hombre tenga un lugar de dignidad.

La Voz
La voz de Sueldo sonó con fuerza en una sociedad santiagueña un tanto adormecida. Desde el comienzo expresó: “Deseamos reafirmar que el servicio evangelizador de la Iglesia tocará siempre lo temporal (...). Por esto el apoyo a los laicos en sus opciones temporales que no se oponen a la Fe católica y en sus reclamos por una mayor justicia social y promoción de la dignidad humana en Santiago del Estero”.

Tiranos
Denunció como antievangélico el estado de cosas en nuestra provincia. “No hay que investigar demasiado en esta provincia para descubrir su drama de estancamiento y retroceso...El marco histórico cultural de sello caudillesco y feudal no sólo permanece, sino que se lo profundiza en una clara relación de amos y vasallos. Así es la terminología palaciega de Santiago Del Estero “caer bien” o “caer en desgracia”. No se trata de superarse en capacidad sino de superarse en obsecuencia. La realidad de la intriga y la denuncia de aquellos que no son buenos súbditos, o están en el bando contrario, es lo normal. El reparto entre los vasallos más fieles y manejables hace parecer que la provincia, como las antiguas encomiendas del rey, se repartirá económicamente entre tres o cuatro.

Este doloroso estancamiento feudal que parece haber existido siempre de hecho, se ha convertido ahora en legal, es decir, en un feudo constitucional con la nueva constitución de la provincia modelada sobre una vieja concepción centralista, discriminatoria e intolerante de gobierno. Con mentalidad feudal se impone la dictadura de la mayoría como si eso fuera democracia” (Mensaje de Pascua 12/04/98).

Señaló con claridad la base cultural de esta situación “nos preocupa profundamente la existencia en la comunidad de una cierta mentalidad de sometimiento y dependencia, inseguridad y miedo, realidades totalmente ajenas a la fe cristiana que proclama la libertad y seguridad de los hijos de Dios.” (Mensaje en la fiesta de Santiago Apóstol 25/07/95). “La dignidad que Cristo nos ofrece es una tarea. Para la iglesia fue siempre su trabajo evangelizador y hoy también lo es, especialmente cuando para destruir la dignidad de las personas se monta un sistema. El mejor resultado de este sistema es construir una sociedad mediocre, sin ansias de libertad ni esperanzas de futuro. Una sociedad que vende todo, incluida su libertad y dignidad con tal que no la saquen de su modorra. Una sociedad así sólo producirá una dirigencia mediocre que sólo buscará el acomodo y negociará cualquier principio, también la fe. Esa sociedad gozará con vivir bajo regímenes autoritarios y paternalismos castradores porque no tiene iniciativas de grandeza ni ansias de transformación y cambio. Transformación y cambio, es decir, conversión que es la primera invitación de Jesús” (En la solemnidad de Santiago Apóstol, 25/07/97).

Con relación a la responsabilidad de los cristianos preguntaba: “Nos preguntamos dónde están los cristianos. ¿Habrá algo que transformar en Santiago o es la mejor provincia del país porque el oficialismo gana siempre? ¿Habrá que sentirse en sociedad con Dios y los hermanos para renovarnos y renovar la sociedad, o nuestra fe sirve como hermoso sedante para adormecer, tranquilizar o justificar? ¿Dónde estará el Espíritu de libertad y dignidad que se nos ha dado? Lo único que quisiera decir como Obispo, es que al recordarles esto, estoy cumpliendo con mi deber de promover lo espiritual. Nada más” (Mensaje de Navidad 1997).

“Él va delante de sus ellas y las ovejas lo siguen...”

El buen pastor va delante de sus ovejas portando un cayado, que era un palo con el que se defendía y ahuyentaba a los lobos. Ir adelante era afrontar el peligro para proteger a sus ovejas. Sueldo respaldó su mensaje con sus gestos. Como nadie en la provincia se puso al frente de lo que consideró legítimos reclamos, como cuando marchó con los docentes privados en reclamo por el atraso salarial, estuvo con los empleados municipales de Loreto y Villa la Punta en huelga por reclamos salariales, estuvo con la familia y los vecinos del menor Federico Saracco víctima de la violencia policial, se presentó a la jefatura de policía a exigir la libertad de los detenidos por realizar manifestaciones en recordación del 16 de diciembre de 1993; aquella vez ante la negativa de las autoridades policiales se sentó y dijo yo no me muevo hasta que los liberen. Estuvo con los choferes de colectivo que reclamaban por su fuente de trabajo, con los intendentes que reclamaban por sentirse avasallados en las autonomías municipales. Estuvo presente siempre, en gestos sin precedentes, con los que luchan por su dignidad.

El dolor de su partida.

Su temprana desaparición desgarró nuestro corazón... Toda la sociedad, no sólo los cristianos sufrimos la enorme pérdida. Dos expresiones de la gente me impresionaron. “¡Qué maleficio para esta provincia!”, expresión de un sentimiento de fatalidad que encuentra unos precedentes significativos en la creencia popular según la que Francisco Solano maldijo alguna localidad santiagueña, al igual que otras leyendas que indican en el mismo sentido otras maldiciones locales. La otra, es la pregunta: ¿Y ahora quién nos defenderá?

Para los cristianos, “el grano de trigo que muere da muchos frutos”. Consideramos que Mons. Sueldo fue lo más importante que ocurrió en la Iglesia santiagueña, su palabra y sus gestos valientes son un legado valioso. Fue demasiado breve su permanencia y demasiado grande su siembra para ver de inmediato sus resultados, es cuestión de paciencia, de tiempo. El mejor fruto de su muerte será seguramente un pueblo que pierde el temor y luche por su dignidad.

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