Ayer fui a visitar a un reciente amigo por la problemática del medio ambiente y porque quiero hacer una entrevista en profundidad. Rafael Vielma, de 50 años, chileno, fue gentil con datos y hablamos mucho; aunque nos conocemos poco, desde el año pasado, dialogamos sobre diversos temas. Sin embargo, él insistió en mostrar una caja llena de libros y recortes de su visón política: el marxismo. Respeto mucho a las personas con decisión política tomada, aunque conversé innumerables veces con militantes de diferentes colores ideológicos.
Educación y servicio
Vielma sacó un texto que hace años no leo, lo abrió y dijo: “Justel leé esta parte”. El texto es de Leo Buscaglia, pionero de libros de autoayuda. En el capitulo “El arte de ser plenamente humano”, el autor cita a una directora de escuela, quien recibió un escrito de Haim Ginott, profesor y psicoterapeuta; revolucionó la comunicación entre padre e hijo.
“Soy sobreviviente de un campo de concentración. Mis ojos vieron cosas que ninguna persona debería presenciar. Cámaras de gas construidas por ingenieros de verdad. Niños envenenados por médicos. Infantes muertos por enfermeras diplomadas. Mujeres y bebés asesinados por egresados secundarios y universitarios. Por eso desconfío mucho de la educación.
Mi pedido es: ayude a sus alumnos a ser humanos. Sus esfuerzos nunca deben producir monstruos eruditos o psicópatas educados. La lectura, la escritura, la ortografía, la historia y la aritmética sólo son importantes si sirven para que nuestros alumnos sean más humanos”.

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