F Revolución, utopía y amor - SantiagoPost

Revolución, utopía y amor

“No sé hasta qué punto un escritor puede ser revolucionario. Por lo pronto está trabajando con el idioma, que es una tradición”, dijo Jorge Luis Borges. Sin embargo, una lectora atenta del Facebook, Susana Guzmán, contestó que “al escritor revolucionario lo entiendo como alguien que inquieta y alborota con su pluma”.

Dos ideas y pienso en esto: ¿qué significa ser revolucionario en el siglo XXI? La pluma, la palabra y el pensamiento. La formación académica y, también, la popular son todos signos de un proceso de transformación cultural; por un lado, de forma particular, luego colectiva.

Pero visualizo a Guevara, Gandhi, Luther King, Madre Teresa, entre otros; pensadores del marxismo, liberalismo, socialismo y sus vertientes. ¿Qué arma aplicar para ser revolucionario en el siglo XXI?

El sociólogo Alberto Tasso, un amigo, dijo algo clave. Comparto con usted la idea. Ser revolucionario en este siglo es visualizar las estructuras de dominación política, cultural, económica, religiosa, entre otras. Es el primer paso. Claro, dirán que los anteriores la vieron también. Seguro que si. Además hace falta convicción, sentido de lucha, habilidades comunicativas, organizativas, identidad, paciencia y honestidad.

¿Inquietar y alborotar? Indudable que la estructura de poder y sus signos de corrupción se mueven con los discursos (periodísticos, científicos, entre otros) y las acciones colectivas (marchas de repudio, por ejemplo). La tare de cambiar o cambio social exige esfuerzo, paciencia y convicción. No es fácil. Por ello a lo largo de la historia universal se observa que las transformaciones tardan en llegar, es porque las condiciones no son ideales en ese momento histórico. La humanidad esperó y esperará.

¿Un superhéroe? No, se necesita a alguien como ustedes. Lo mismo que antes, pero sin usar las armas. Gandhi y la no violencia. King y la apertura cultural. Madre Teresa y la fe en Cristo.

Aquí me detengo, permítanme. La revolución necesita el arma del conocimiento, la palabra y el coraje; pero el motor del cambio es el AMOR. Tal vez Teresa hizo maravillas por los pobres de la India sólo por amor a Cristo Jesús.

Hace unos años escribí “El amor es como un río”, una poesía que está en mi repertorio. Creo que es necesario dejarse bañar por el amor divino para salir a transformar el entorno íntimo. La familiar, el barrio, la institución, la comunidad.


El proceso de revolución es colectivo, pero existe una dialéctica entre lo particular y la comunidad. Es decir, el escritor, intelectual, profesor, periodista, alguien del conocimiento habla con otro identificable. Puede ser la sociedad, el barrio, la institución donde se trabaja, la familia, en fin, no necesariamente debe ser algo grande para transformar. Una idea, una actitud, es un elemento pequeño, pero puede demandar el máximo esfuerzo para cambiarla.


El cambio es una decisión, una actitud. Nadie mueve la voluntad sino está inspirada por un bien noble e importante. Además de lo expuesto, el amor nutrido por la gracia y el auxilio divino puede ser una buena idea para reflexionar durante el 2011.

El grupo mexicano Maná recrea la idea del texto.

CONVERSATION

0 Comments:

Publicar un comentario

Participá en Santiago Post